¿Desaparece la figura del ATP con la Reforma Educativa?

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Algunos hechos

Los Asesores Técnico Pedagógicos (ATP) son trabajadores de la educación que asumen funciones nodales en el sistema educativo: dan formación a los maestros, operan programas, visitan escuelas, asisten a supervisores y jefes de zona en diversas tareas, etcétera. Hasta hace poco, los ATP eran maestras y maestros comisionados, con lo cual ostentaban plazas docentes aunque su labor no estuviera frente a grupo, ya que no existían plazas con nombramiento de ATP. Había gran variedad en la manera en que estas figuras eran comisionadas, así como en sus perfiles y en sus funciones, pero por su posición dentro del sistema, en su conjunto, acumulaban conocimientos y experiencias únicas, con las que jefes de sector, supervisores y docentes contaban para el desenvolvimiento y el enriquecimiento del trabajo educativo.

La Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) prohíbe que los comisionados (es decir, las personas “que decidan aceptar el desempeño de un empleo, cargo o comisión que impidan el ejercicio de su función docente, de dirección o supervisión”) sigan realizando dicha comisión con goce de sueldo. Se trató de una medida motivada sobre todo por la existencia de comisionados sindicales que cobraban sin realizar un trabajo educativo. El caso de los ATP era diferente, porque a pesar de ser comisionados, su función sí era educativa. Ante eso, y ante la falta de información precisa para proceder, la SEP se comprometió a realizar un diagnóstico sobre la situación de los comisionados, el cual o no se realizó o no se hizo público. Aun así, se determinó que a partir del ciclo 2014-2015, los ATP debían ‘reintegrarse a la función docente’: sólo algunos asesores continuaron de manera temporal en ese ciclo mediante una convocatoria especial. La ausencia de los ATP se resintió agudamente dentro del sistema, principalmente en las escuelas, pero también para los mismos programas federales (PRE, PETC, entre otros), que en buena medida dependen de ellos para “bajar a las escuelas”.

Para reflexionar

Para el ciclo 2015-2016, se esperaban las convocatorias a los concursos para la promoción de docentes a cargos de asesoría técnica pedagógica. Esto, en teoría, vendría a otorgar formalidad a la función, al integrarla al Servicio Profesional Docente (después de un breve intermezzo de incertidumbre y escasez). Sin embargo, el proceso se ha desarrollado en un sentido prácticamente opuesto:

Primero, se ofertaron 15 mil 141 plazas de asesoría técnica pedagógica para Educación Básica. Dado que existen alrededor de 199 mil 928 escuelas públicas de educación básica en el país, un ATP estaría atendiendo alrededor de 13 (o más, si se toma en cuenta que muchos no estarían trabajando directamente en las zonas escolares). Sin embargo, sólo se registraron 8 mil 902 sustentantes, y asistieron al examen 7 mil 135, de los cuales sólo el 48.9% resultaron idóneos. Si como establece la convocatoria, se asignan los cargos sólo a quienes obtuvieron este resultado, se contaría para este ciclo con 3 mil 489 ATP, lo cual implica que la mayor parte de las zonas escolares no tendrán ni uno solo (eso sin contar que muchos serán asignados a otras instancias dentro del sistema). Esto representa una drástica disminución, cuando no una virtual desaparición de la figura en este ciclo escolar. (La situación varía según la entidad y el nivel; en Morelos, por ejemplo, no se concursan cargos para preescolar ni para secundaria).

Pero a todo esto, ¿por qué se registraron tan pocas personas al concurso? En los concursos de promoción para dirección y supervisión, hubo respectivamente cinco y nueve sustentantes por cada plaza disponible, mientras que para ATP hubo menos de uno. Un sondeo entre maestros, supervisores, jefes de sector y ATP de zonas rurales, arroja razones bastante claras. Principalmente, dicen, la “promoción” a ATP no conlleva un aumento salarial de inicio como los otros dos: ingresan con el salario que cada quien tenga en su plaza docente. Además, en caso de acceder al cargo, no “generan clave”, sino que empiezan un periodo de dos años de inducción, al final de los cuales pueden obtenerla, lo cual representa un alto grado de incertidumbre. Por otra parte, el trabajo de ATP en zonas rurales implica constantes desplazamientos entre comunidades, para los cuales no hay viáticos, sino que salen de sus propias bolsas. Finalmente, en caso de acceder al cargo, deben aceptar trabajar en cualquier parte del estado a la que se les asigne. En suma, la perspectiva no es muy halagüeña.

Ante este panorama, cabe preguntarse si la SEP, más que consolidar la figura del ATP, lo que pretende es desaparecerla, o si más bien se trató de un resultado no previsto. En definitiva, ¿qué concepción tiene la SEP respecto a los asesores técnico pedagógicos y su rol dentro del nuevo esquema educativo? ¿Y quién se acercará ahora a las escuelas y a los maestros, dado que eran los ATP quienes lo hacían con mayor frecuencia? ¿Sigue en pie el plan de consolidar un Servicio de Asesoría Técnica en las Escuelas (SATE), o más bien se las dejará solas, quizá como parte de la ‘autonomía escolar’? Si la casi desaparición de los ATP fue una consecuencia no prevista de las medidas tomadas hasta ahora, serán necesarias nuevas medidas para remediarlo, tanto para completar la planta en este ciclo escolar, como en futuras ediciones del concurso.