El gasto social en educación como mitigador de la desigualdad

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Algunos hechos

En fechas recientes, el Development Finance International (DFI) y Oxford Committee for Famine Relief (Oxfam) publicaron el Índice de Compromiso con la Reducción de la Desigualdad (CRI), el cual se basa en una nueva base de datos que abarca a 152 países, entre ellos México, con indicadores que miden la acción de los gobiernos en cuanto al gasto social, la política tributaria y los derechos laborales, tres áreas consideradas críticas para reducir la brecha entre ricos y pobres.

Lo anterior como parte del seguimiento a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), entre ellos el cuarto referente a la educación de calidad, donde 160 gobiernos se comprometieron a gastar hasta el 20% de su presupuesto en educación como parte de la Declaración de Incheon. De acuerdo el CRI México ocupa el lugar 68 en el CRI a nivel mundial, décimo en América Latina y el Caribe y el último (35°) en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) (Véase infografía para más información).

Algunas aseveraciones del informe:

  • 112 de los 152 países analizados hacen menos de la mitad de lo que potencialmente podrían para abordar la desigualdad.
  • La desigualdad de género acentúa la creciente brecha entre ricos y pobres.
  • Cuando el gobierno proporciona servicios públicos (especialmente salud y educación), y cuando estos servicios están subsidiados, las personas más pobres no tienen que usar parte de sus muy bajos ingresos para pagar por ellos. Se ha demostrado que esto aumenta los ingresos de los hogares más pobres en una cantidad igual a sus ingresos regulares.
  • Hay un nivel mínimo de gasto por debajo del cual la calidad del servicio sufre. Por ejemplo, hay que respetar la proporción adecuada de maestros capacitados y estudiantes para asegurar el aprendizaje en el aula.
  • La respuesta ha sido privatizar la educación superior, aunque estos tiendan a excluir aún más a jóvenes más pobres. Hay que encontrar un equilibrio donde la educación superior esté disponible sin desviar demasiado dinero público de la educación básica.
  • La educación aumenta las oportunidades económicas de las mujeres y su poder de decisión dentro del hogar.
  • Cuando se reduce el gasto en este sector o cuando la educación sólo es accesible para aquellos que pueden pagar, son los jóvenes los que más lo resienten, al ser los principales beneficiarios del gasto en educación.

Para el diálogo

  • El estudio publicado por DFI y Oxfam muestra que las brechas pueden reducirse por voluntad política. En torno a la educación en nuestro país, el gasto público debe enfocarse en la atención de niñas, niños y jóvenes más vulnerables con programas que vayan más allá de cada sexenio.
  • No es suficiente destinar recursos para aumentar la cobertura de los servicios educativos, es necesario elevar la calidad en aquellas partes del sistema educativo que han tenido rezagos históricos (niñas, indígenas, discapacitados, etcétera), y mantener el destino de los recursos hasta que tengan las mismas oportunidades.
  • Los datos que muestra el informe dan pie a que es necesario fortalecer el gasto social en educación en lugar de abandonarlo y dejarlo totalmente a los particulares.

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