La necesaria modificación de la Ley General del Servicio Profesional Docente

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Algunos elementos del diálogo

El pasado 3 de marzo, un grupo de maestras y maestros fueron citados en la Secretaría de Educación Pública para ser reconocidos por sus altos resultados en la evaluación del desempeño y para sostener un diálogo con el secretario, Aurelio Nuño Mayer (video Diálogo con Docentes Destacados y Excelentes)

Este grupo forma parte de los 10,774 docentes que por sus puntajes fueron nombrados como destacados y excelentes (ver Reflexiones sobre la evaluación del desempeño docente); las y los presentes provenían de la Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Morelos, Estado de México, Hidalgo, Guerrero, Chihuahua y Yucatán. En su mayoría era un grupo compuesto por mujeres, pues ellas lograron mayores resultados que sus compañeros: en básica 6,691 maestras alcanzaron un desempeño destacado, en media superior 1,500 obtuvieron destacado y excelente, sumadas representan el 76% de la población de más alto desempeño.

La ceremonia fue moderada por el propio secretario, y se presentó la intervención de once maestras y cinco maestros, quienes manifestaron sus inquietudes, experiencias y recomendaciones en torno a la evaluación. A su vez el secretario respondió a las preguntas planteadas, y en casos muy puntuales solicitó a Ramiro Álvarez Retana, coordinador del Servicio Profesional Docente, profundizar en ellas.

Para el análisis y el diálogo

El encuentro citado es de gran relevancia, tanto por el reconocimiento público hecho a las y los maestros, como porque los testimonios de los evaluados dieron cuenta de la complejidad del desempeño docente. Este tiene que ver con múltiples aspectos laborales (categorías, nombramientos, escalafón, impartición de asignaturas, diferencias de contexto, etc.), y también con una condición esencial que la caracteriza: la profesión docente no es un ejercicio individual.

Respecto al primero, es recomendable que las mejoras de la evaluación del desempeño recuperen lo sugerido por el cuerpo docente, entre otros: notificaciones oportunas; explicitación del cómo, cuándo, con qué y para qué habrán de ser evaluados; revisión de los instrumentos para que sean pertinentes al contexto y a las situaciones reales que enfrentan en el aula; otorgamiento de los incentivos monetarios y de categorización, a partir del reconocimiento de la heterogeneidad en el ejercicio de la profesión (contratos por horas, asignaturas, jornadas, etc.).

Ahora bien, es preciso reconocer que la condición de colectividad en el ejercicio docente no forma parte de esta evaluación, pues se sustenta sólo en el supuesto mérito individual y en función de él es que distingue. Esto evidencia que el cuerpo docente y las autoridades entienden de forma distinta el desempeño, por ello la sola mejora del proceso de evaluación, sus instrumentos y reconocimientos no son suficiente para conciliarlas, pues es desde la ley que está planteada esa diferencia.

Así como es falso que las y los maestros sean los únicos responsables de los logros en el alumnado, también lo es que cada docente sea el único responsable de su resultado. Algunos de los testimonios durante el diálogo tratan sobre ello: “el logro mío es también de mis alumnos”, “somos un eslabón, cada uno es un eslabón de la cadena: padres de familia, niños, maestros, autoridades educativas y gubernamentales, y esperamos trabajar unidos en verdad”.

Dado que el secretario ha señalado que existe una evaluación de la evaluación del desempeño que ya ha detectado las áreas de mejora, sería conveniente que se tome en consideración también lo dicho por los docentes. Tal vez no sea solo cuestión de modificar instrumentos y procesos, tanto como de construir un entendimiento común, una comprensión social para dignificar y apoyar al magisterio, y eso pasa por revisar de manera profunda la Ley General del Servicio Profesional Docente.