La obesidad infantil en el Sistema Educativo Mexicano

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Algunos hechos sobre la obesidad en la escuela

Para la subdirectora de Políticas Intersectoriales en Salud de la Dirección General de Promoción de la Salud de la Secretaría de Salud (SSa), Zaida Valderrama Álvarez, “no es necesario cambiar nada” a los desayunos escolares y los menús para las Escuelas de Tiempo completo, que forman parte de la Estrategia Nacional para la Prevención del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes.

México ocupa el primer lugar del mundo en obesidad infantil. Según la Organización Mundial de la Salud, se trata ya de una epidemia y, de hecho, UNICEF calcula que, en 2012, había hasta 4.1 millones de escolares que vivían con este problema. Ahora bien, dadas sus alarmantes proporciones, la obesidad infantil debe ser considerada un problema de salud pública, y la escuela puede aportar en su abatimiento, en cuanto instancia formadora de hábitos personales y sociales. Para hacerlo, requiere crear o consolidar las condiciones que le permitan fomentar una buena alimentación y la actividad física pertinente para disminuir la prevalencia de la obesidad infantil.

Desde sexenios anteriores, el gobierno federal ha ejecutado estrategias para erradicar la desnutrición y la obesidad dentro y fuera de la escuela, tales como: la Estrategia Integral de Asistencia Social Alimentaria (EIASA), a través del Sistema Nacional de Desarrollo Integral de la Familia (DIF), el Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria (ANSA),
por parte de la SSa, y los Lineamientos generales para el expendio o distribución de alimentos y bebidas en los establecimientos de consumo escolar de los planteles de educación básica emitidos por la SEP.

La EIASA ha tenido como objetivo contribuir a la seguridad alimentaria de la población a través de desayunos escolares. El ANSA estableció diez objetivos dirigidos a toda la población para consumir alimentos saludables y aumentar la actividad física. Por su parte, los lineamientos para el expendio de alimentos y bebidas tuvieron como objeto la modificación de los hábitos de consumo alimenticio, regulando los productos que se venden o proporcionan en las escuelas.

Existe poca información sobre evaluaciones de las tres estrategias anteriores. CONEVAL publicó un informe sobre los problemas de alimentación y abasto, y una evaluación del programa de desayunos escolares. Ambos estudios fueron elaborados a finales de la década pasada y se limitaron a la evaluación de la operación del programa y no al impacto en la salud de las y los beneficiaros de las estrategias mencionadas.

En 2013, el gobierno federal creó la Estrategia Nacional para la Prevención y Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes, la cual estableció que la SEP debía revisar los lineamientos de expendio y distribución de alimentos y bebidas, además de coordinarse con la SSa y el DIF para la elaboración de materiales educativos enfocados a la alimentación saludable. A partir de entonces, la SEP enfatizó la estrategia contra la obesidad y la desnutrición, a través del Programa de Escuelas de Tiempo Completo con las escuelas beneficiarias en la oferta de alimentos; sin embargo, la cobertura de este programa es limitada y se tiene poca información sobre el impacto en la salud de las y los estudiantes.

Para el diálogo:

  • La obesidad es un problema de índole social, no solo escolar; por ello es pertinente que la respuesta del gobierno sea intersectorial. La estrategia de la SEP enfatiza en la elaboración de menús. Si bien es importante este componente, no es el único relevante.
  • Hace falta más fuerza en la política pública para el tema de actividad física, de manera que se enseñe a niños, niñas y jóvenes rutinas de ejercicio adecuadas para evitar lesiones.
  • Si bien la escuela no es la única responsable de combatir la malnutrición y la obesidad de la niñez y la juventud, juega un papel importante en la educación alimentaria y de activación física. El currículo del modelo educativo actual establece que educación física solo tiene dos horas semanales para primaria y tres para secundaria.
  • A propósito del modelo educativo que está por emitirse, importa observar los nuevos contenidos y el tiempo dedicado a la educación física, para analizar y valorar si constituyen una estrategia pertinente contra la obesidad.
  • Aunque los temas de la alimentación sana y la actividad física no están explícitos en las siete prioridades estratégicas de la SEP, es importante recuperar el papel formativo de la escuela en las competencias para la vida, que incluso tendría una repercusión en las familias de las y los estudiantes, debido a la importancia de la formación crítica y reflexiva sobre la cultura comercial, que establece estereotipos de belleza y afecta la concepción del cuerpo generando consumo y frustración.
  • No es, pues, suficiente emitir lineamientos como el referente al expendio y distribución de alimentos y bebidas en centros escolares; es indispensable darle seguimiento puntual y eficaz por medio de evaluaciones para detectar oportunidades de mejora y vincular con otras estrategias afines, además de establecer indicadores claros que permitan establecer comparaciones poblacionales y temporales, del aumento o disminución de la obesidad infantil en las escuelas.

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