¿Para qué la evaluación educativa en México?

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Algunos elementos sobre la evaluación

Como se sabe, con el Pacto por México se emprendieron una serie de reformas en varios sectores, entre ellos, el educativo. La reforma en educación modificó la Constitución, la Ley General de Educación, y emitió dos leyes más: la del Servicio Profesional Docente (LGSPD) y la Ley de Evaluación (LINEE).

Ambas leyes tienen sus particularidades, aunque existe una relación íntima entre ellas, pues una parte de las atribuciones de la LINEE consiste en ser partícipe de la evaluación del servicio profesional docente.

En dicha ley se expresa la siguiente definición de evaluación (Art. 6): “… consiste en la acción de emitir juicios de valor que resultan de comparar los resultados de una medición u observación de componentes, procesos o resultados del Sistema Educativo Nacional con un referente previamente establecido”.

Asimismo, la LINEE mandata como uno de los fines de la evaluación, la necesidad de contribuir a la mejora del sistema educativo, y para ello se recoge información, medición tras medición, año tras año, trienio tras trienio (como en PISA). En su artículo 7, la ley dice expresamente:

“La evaluación del Sistema Educativo Nacional tendrá, entre otros, los siguientes fines:

  I. Contribuir a mejorar la calidad de la educación;
 II. Contribuir a la formulación de políticas educativas y al diseño e implementación de los planes y programas que de ellas deriven;
III. Ofrecer información sobre el grado de cumplimiento de los objetivos de mejora establecidos por las autoridades educativas;
IV. Mejorar la gestión escolar y los procesos educativos, y
 V. Fomentar la transparencia y la rendición de cuentas del Sistema Educativo Nacional.”

En el marco de acción de la LINEE, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación tiene varias funciones importantes (Art. 27), entre ellas, coordinar el Sistema Nacional de Evaluación Educativa (numeral II), y también las siguientes:

  • “Diseñar e implementar evaluaciones que contribuyan a mejorar la calidad de los aprendizajes de los educandos, con especial atención a los diversos grupos regionales, a minorías culturales y lingüísticas y a quienes tienen algún tipo de discapacidad;” (numeral IX).
  • “Impulsar y fomentar una cultura de la evaluación entre los distintos actores educativos, así como entre diversos sectores sociales, a efecto de que las directrices que emita el Instituto, previa evaluación de la educación, se utilicen como una herramienta para tomar decisiones de mejora, desde el ámbito del sistema educativo, en los tipos, niveles y modalidades educativos, los centros escolares y el salón de clases;” (numeral XVI).

Para el análisis y el diálogo

El INEE tiene a su cargo diferentes evaluaciones que se realizarán año con año: coadyuva a evaluar el servicio profesional docente. Según el documento “Evaluaciones del Servicio Profesional. Calendario 2016” habrá 13 evaluaciones, además de otras calendarizadas (que, según Calendario 2016, suman 14).

La información derivada de las evaluaciones se ha plasmado en informes y presentaciones; desde su reforma, en 2013; destaca: “Los Docentes en México. Informe 2015”, del cual se desprendieron las únicas directrices que hasta el momento ha emitido el Instituto (Directrices para mejorar la formación inicial de los docentes de educación básica).

Ahora bien, según la amplia ley LINEE, el centro funcional del INEE está orientado hacia la “Mejora Continua”; sin embargo, es en lo que menos ha estado ocupado, o por lo menos es acerca de lo que menos se ha pronunciado y difundido información.

Por lo anterior, vale preguntar ¿para qué se está evaluando? Cada emisión de resultados de evaluaciones nos reitera lo sabido desde hace varios años: el sistema educativo requiere de transformaciones profundas.

Es por esto que la discusión central no es si evaluamos (externamente) año con año al alumnado del sistema de educación, bajo una bandera de “rendición de cuentas”, que solo busca atribuir la responsabilidad de los resultados a un solo participante: los y las maestras.

Esas transformaciones profundas tienen que ver con el aula y esta no es solo la infraestructura o las condiciones básicas de enseñanza y aprendizaje. La invitación es a ponernos de acuerdo, como sociedad, en cómo mejoramos la educación. La sociedad civil organizada tiene mucho por mostrar en ese sentido.