Reflexiones sobre la falta de observación de clase en la evaluación de desempeño docente

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Algunos hechos

El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) emitió un comunicado el primer día de junio, manifestando preocupación por el “grave nivel de desinformación (…) sobre los fines y medios de la reforma educativa”. El texto alude a que el desprestigio social de la docencia se debe, principalmente, a la compraventa de plazas y a otras “prácticas incorrectas”. Entre otros temas inherentes a la reforma educativa, el comunicado retoma que la evaluación adquiere significado si es el medio para mejorar las capacidades y el desempeño profesional de los docentes que ya están en servicio. A continuación se presentan algunas reflexiones en torno al componente formativo de la evaluación.

La Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) tiene como propósito regular, mediante concursos de oposición, el Ingreso, la Promoción y el Reconocimiento del personal docente durante su trayectoria profesional en el sistema educativo. La LGSPD también contempla que, lo que denomina Permanencia en el servicio, pasa a través de la evaluación del desempeño docente, encargada de valorar el actuar del personal docente, identificar necesidades de formación, y regular la función docente y técnico docente.

La evaluación de desempeño consiste en cinco etapas. Tres de ellas se llevan a cabo asistiendo a una sede, donde el personal docente aplica el examen de conocimientos y competencias didácticas, la planeación didáctica argumentada y, en su caso, el examen complementario, si imparte la asignatura de inglés. Dos etapas se aplican en una plataforma digital: el expediente de evidencias del o de la maestra, y un informe llenado por una autoridad educativa inmediata al personal docente. Destaca que la evaluación es fuera del espacio donde lleva a cabo la práctica docente: el aula.

Es cierto que se busca hacer eficiente la generación de resultados a partir del uso de los instrumentos de evaluación señalados, y así categorizar a las y los docentes en grupos de insuficiente, suficiente, bueno y destacado, para señalar qué cursos deben tomar para mejorar su desempeño, si es el caso. Sin embargo, ¿es bastante la información generada en la evaluación de desempeño, sin considerar la práctica docente dentro del aula? Si la evaluación cobra sentido, como dice el comunicado, en función de la mejora del actuar docente, ¿no necesita una mirada más abarcadora en el momento de evaluar?

La observación de una clase real da información que no es posible evaluar en pruebas estandarizadas fuera del salón, por ejemplo: las condiciones físicas del aula, el uso de los materiales educativos de los que se dispone, la relación entre el alumnado, la relación alumnado-profesorado, las adecuaciones que hacen el o la docente, de acuerdo con los saberes previos del estudiantado y considerando cómo responden o cómo se desempeñan en el momento de la clase, etcétera.

El INEE no ha considerado hasta el momento la observación en el aula en el proceso de la evaluación, argumentando que se requiere observar al o la docente en más de una clase, lo cual supone mucho tiempo; además, necesita observadores capacitados en el tipo de interacciones que suceden en el aula, para registrarlas y valoraras, entre otras.

Para el análisis y el diálogo

  • La observación de la práctica docente en el aula tiene una intención preponderantemente formativa; el esquema actual de evaluación no permite una retroalimentación, un acompañamiento, una reflexión y un seguimiento. La parte “formativa” que opera en la evaluación actual, solo señala las áreas de mejora de acuerdo con las partes en las que salieron evaluados como insuficientes y, con base en eso, supuestamente, se les indicará qué cursos deben tomar.
  • Ante la presunta falta de personal capacitado, por la que no se estaría incorporando la observación en el aula, bien se podría recurrir al personal de supervisión y de asesoría técnica pedagógica que está más próximo a las escuelas, lo cual implicaría un menor número de personas a desplazar, que la gran cantidad de docentes que se concentran en las sedes. Además, las y los supervisores y las y los ATP conocen, por formación y experiencia, las interacciones que suceden en el aula; habría que capacitarlos en clave de uso de instrumentos específicos para el registro y la evaluación.
  • Así pues, evaluadores que conocen la profesión por formación académica y experiencia, que conocen, además, el contexto donde están las escuelas, permitiría una retroalimentación más directa y eficaz al docente evaluado, mientras que también podría utilizar la información generada de cada evaluación, para crear un reporte que detalle las necesidades de formación de la zona que tiene a su cargo.

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